Este juego de bloques y tarjetas de emociones es una herramienta esencial para el desarrollo socioemocional y cognitivo de los niños.
A través de la observación, la imitación y la clasificación de expresiones, los niños construyen habilidades profundas de identificación emocional, regulación y comunicación.
Funciones neuropsicológicas y emocionales que estimula
Reconocimiento emocional: el niño aprende a diferenciar tristeza, alegría, miedo, rabia, asco, sorpresa y más.
Lenguaje emocional: favorece el uso de palabras para describir cómo se sienten ellos y cómo se sienten otros.
Teoría de la mente: ayuda a comprender que los demás tienen emociones, pensamientos e intenciones distintas.
Percepción visual: identificar sutiles cambios en ojos, cejas y boca ejercita la discriminación visual.
Memoria visual y atención: recordar qué expresión corresponde a cada tarjeta o bloque.
Regulación emocional: al jugar con expresiones, se normaliza hablar de emociones y se fortalece el autocontrol.
Funciones ejecutivas:
Flexibilidad cognitiva: crear diferentes combinaciones de caras.
Control inhibitorio: esperar turnos y escuchar al otro.
Planificación: construir la expresión que corresponde a la tarjeta.
Beneficios educativos y terapéuticos
Promueve la empatía y la comprensión social.
Ayuda en procesos de resolución de conflictos.
Favorece la comunicación asertiva.
Es excelente para trabajar con niños con dificultades emocionales, ansiedad, timidez, TDAH o habilidades sociales inmaduras, pero también es ideal para cualquier niño en desarrollo.
Usos en casa, escuela o consultorio
Actividades dirigidas.
Juego libre simbólico.
Rutinas de expresión emocional diarias.
Sesiones de psicología, neuropsicología o psicopedagogía.
Edad recomendada
Desde 3 hasta 10 años.





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